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Escribo Tu Historia

Fragmentos

DESEO INQUEBRANTABLE DE VIVIR
Biografía del señor Max Daniel Halpert.

Terrible Secreto

Durante muchos años, guardé silencio y no quise hablar de mis testimonios sobre este evento. Para mí resultaba una condena hacerlo y por eso las pesadillas más espantosas me siguieron atormentando. A pesar de que sabía que encubriendo el pasado no se borran los sucesos, me mantuve mudo muchos años, pero nunca olvidé los más terribles.
He escrito varios artículos sobre el Holocausto y dictado entrevistas o conferencias ante diversos públicos, sin embargo, de “eso” no hablaba, porque invariablemente me culpaba…
Un estigma en el alma y en todo mi ser me ha marcado para nunca olvidar lo más horroroso de mi vida. Ni callando, ni queriendo borrar lo que pasó, hicieron que mi horrenda realidad fuera diferente y que no me sintiera responsable. Por eso, ahora, en estas líneas, quiero contar, lo que me produjo una culpa obsesiva.
Esa vez, nos seleccionaron a un pequeño grupo de siete u ocho prisioneros, para que fuéramos a tapar una fosa gigantesca. Llegamos cuando todavía estaba ahí el batallón de fusilamiento, quien había ejecutado a varios infortunados. Al fondo del sepulcro yacían los cuerpos aún flácidos y ensangrentados de los ajusticiados, que se apilaban sobre centenas de restos esqueléticos, quienes habían muerto paulatinamente en el transcurso de algunos días.
Me cuesta mucho trabajo describir los sentimientos que se cruzaron en mi ser. Jamás las peores o mejores palabras podrán
expresar mi verdadero infierno. Debíamos enterrar a los ejecutados, pero en el fondo, algunos miserables, aún con vida se movían y gemían. Arrojar las paladas era como si apretara un gatillo en la sien de cualquiera. Era una suplicio espantoso estar forzado a realizar lo que sabía que dañaba a seres humanos. Los alemanes nos obligaban a echar la tierra o ahí nos liquidaban. Nada podía hacer, era como su verdugo que aún debía atormentarles hasta el último suspiro. No quería seguir arrojándoles sepultura, pero yo era otro esclavo, que debía obedecer y callar. Ese silencio me ha costado un mar de lágrimas y el más terrible sufrimiento. Nadie podrá imaginar con miles y miles de palabras crudas o cruentas lo que estaba padeciendo, porque un sentimiento de esa magnitud, jamás se podrá transmitir en una simple y escueta narración de lo que pasó.
Hubiera deseado detenerme y sacar del fondo a mis hermanos para salvarlos de su desventura, pero no podía. Sufrí y tuve que soportar una impotencia desesperante, una lucha tremenda para dejar de realizar ese acto de crueldad, pero no lo pude impedir. No era dueño de mi voluntad y menos de mis decisiones. Un recluso judío como yo o como los que estaban en la tumba, valía nada. No merecía ninguna compasión; no tenía sentimientos, no era humano, porque, para los alemanes, fuimos menos que animales rastreros.
Si interrumpía mi labor de enterrador por un herido que se movía entre tantos cadáveres sería yo el siguiente muerto. No podía detenerme, contrariamente a lo que sintiera o pensara porque de inmediato me matarían. Las risas y los gritos de los guardias nos obligaban a echar más y más tierra. Nos exigían sepultar a los muertos no por piedad, sino para ocultar sus cobardes crímenes.
La mea culpa me ha perseguido siempre, es y será imposible quitar esa marca indeleble de mi espíritu, es como un castigo, una condena que me ha seguido toda la vida. Durante años llegué a creer que yo los había matado, que yo era responsable de su fallecimiento. Cada que narro estas escenas, un sufrimiento irremediable, acompañado de lágrimas amargas, que no puedo detener, me sigue usurpando en mis noches de pesadillas.
En estos párrafos, quise transmitir lo difícil que fue para mí realizar ese acto tan criminal. Cerca de cuarenta y cinco años guardé mi secreto, no lo podía decir porque me consideraba un asesino, igual de despreciable que los nazis. No había alternativa en ese cruel exterminio. Si quería conservar mi vida, debía echar paladas sobre los que aún estaban vivos. ¡Fue horroroso hacerlo!...


EL HOMBRE FUERTE
Biografía del señor Salomón Budebo (Endibo).

Allá en Jiguaní

Cuando me apresaron, estaba haciendo mi recorrido de ventas en Jiguaní, a más de mil kilómetros de la Habana y contiguo del polvorín, en donde se inició la Revolución Cubana.
Nunca me enteré que se había dado el ataque al fortín, a donde Fidel Castro Ruz y un grupo de revolucionarios embistieron el 26 de julio de 1953. El asalto al cuartel militar: “Moncada” en Santiago de Cuba fue un fracaso. La intentona no tuvo éxito, muchos de los revolucionarios fueron asesinados por las fuerzas de Batista. A otros los detuvieron, entre ellos se encontraba: Fidel, su hermano Raúl y Juan Almeida.
En la confusión que hubo, seguramente por mi juventud y porque estaba muy cerca de la revuelta, a mí también me encerraron. Creían que formaba parte de los agitadores en contra de Batista. Me preguntaron, que de
dónde era, dije que de Camagüey y que vivía en la Habana. Eso fue suficiente, para que sin ninguna explicación, me llevaran preso.
Caminando hacia la estación de policía, sin deber ni temer nada, creí que podría platicar con el guardia, pero éste, inmediatamente cortó cartucho y gritó: -No te pares más- Y me obligó a marchar delante de él. Francamente un escalofrío me invadió todo el cuerpo y sentí miedo, me preocupaba que una bala saliera del rifle de mi opresor.
A mis veintitrés años, no me interesaba otra cosa más que cimentar a mi familia que apenas iniciaba. Estaba por nacer mi hija Emilia y no me importaba ni la política, ni las noticias, solo tenía que vender lo suficiente para pagar las deudas que tenía con mis proveedores y por eso trabajaba bastante. Me encontraba vendiendo la ropa de niños que fabricaba en Jiguaní, muy cercano a Bayamo y a muchos kilómetros de casa.
En lo que investigaban mi implicación o inocencia con los revolucionarios estuve encarcelado durante quince días. Fui el tercer preso de más de una centena de detenidos. Cuando me llevaron a la comandancia, ya se encontraban presos un soldado de Batista y un policía. El militar estaba ahí pues no se había reportado a su cuartel y no se enteró, que por órdenes superiores, debería encuartelarse de inmediato. El policía se había ido al carnaval de Santiago de Cuba y por su diversión ignoró los hechos.
Es cierto que previamente a mi detención, un cliente me dijo que regresara pronto a la Habana pues corría peligro, sin embargo, no medité realmente lo que me advirtió. Sabía que era bueno para el comercio y seguí vendiendo lo mío, a nadie dañaba o hacía el mal.
De todos los que fueron detenidos ese día, al único que consideraban peligroso era a mí. Había quienes estaban aprehendidos por hacer rifas ilegales (una especie de ruleta) o que habían cometido delitos menores. Absurdamente se prohibían esas apuestas callejeras, pero Batista toleraba los juegos en los casinos cubanos.
En la madrugada del día 27 de julio de 1953, me dijeron que me trasladarían de Jiguaní a otro lugar. Al siguiente día me llevaron a Bayamo, otro cuartel cercano al Moncada, en donde trasladaron a los principales responsables de la agresión. Sin querer estuve en el centro de la efervescencia bélica del movimiento 26 de julio.
Quiero narrar un hecho histórico de primera fuente y que viví en carne propia. Esta información no corresponde con la historia oficial, (narración legítima) que normalmente escriben los ganadores, aquellos que prefieren manipular la verdad. Con quienes estuve detenido, se encontraban hombres que habían participado en la revuelta que comandaba Fidel. Estaban enojados, porque su líder y Raúl, su hermano, se habían perdido durante el levantamiento y después se escondieron en un templo. El padre de la iglesia los protegió y llamó a la policía, pero actuó como interventor para negociar, advirtiendo que el líder se entregaría, siempre y cuando respetaran su vida y le dieran ciertas garantías.
De los revolucionarios que conocí, ninguno estaba golpeado y solo dos o tres de ellos llevaban una especie de uniforme de color caqui. Platiqué con muchos y me di cuenta que estaban indignados
por la actitud de su líder. La mayoría decía que era un traidor porque nunca peleó en el cuartel, nadie lo vio. Aquellos hombres estaban presos y sus vidas corrían peligro, mientras sus instigadores, estaban bajo la protección de un religioso.
A Fidel lo trasladaron a la Habana y poco después lo deportaron a México. Sé que el cura que ayudó a los Castro, tenía buenas relaciones con el suegro de Batista…


REGALO DE VIDA
Biografía del señor Gabriel Corvera.

Capítulo II
Urge Trasplantar tu Hígado

En esta estancia hospitalaria me comunicaron la noticia de que mi enfermedad se conocía con el nombre de “Colangitis Esclerosante” (Inflamación progresiva de los conductos biliares). Jamás en mi vida había escuchado esos términos médicos y lógicamente, pregunté cuál sería el mejor remedio, a lo que el doctor respondió llanamente:
-Siendo honesto contigo Gabriel… tu hígado, ya no funciona… -Necesitamos trasplantar tu hígado… Sin un trasplante, te queda muy poco tiempo de vida…
¡Qué sencillo! ¡Cómo si esos órganos vitales se compraran en almacenes! En medio de mi estómago y de mi alma sentía un vacío espacial indescriptible, “la nada existencial” se apoderó de mí.
Ya conocía el diagnóstico exacto, mi hígado se estaba muriendo y requería forzosamente un trasplante si quería seguir en este mundo. Nada sencillo fue enfrentar esa trágica noticia. Una tormenta de confusión y desesperanza inevitablemente me azotaron y destrozaron mi ánimo. Se escribe fácil, se dice simple… fueron momentos horrorosamente desconcertantes para mí y para los míos.
Sentir que el mundo se te viene encima, es una forma retórica para decir que no sabes qué hacer frente a una noticia tan grave. Simplemente, escuchas que vas a morir si no te regalan un hígado…
Resulta paradójico descubrir que mi vida no tenía más precio que recibir un Regalo de Vida.
Por la obstrucción que sufrió mi hígado, se me desarrolló la cirrosis hepática… ¿Cirrosis hepática?... Aunque muy eventualmente llegaba a tomar algunas copas y de manera moderada, mi órgano se había degradado, sin embargo, los médicos pensaron que la enfermedad me atacó por un problema de autoinmunidad y destruyó un conducto biliar llamado colédoco que nutre de bilis al intestino. Mi pequeño desagüe se había engrosado, estaba prácticamente bloqueado, por tanto, mi cuerpo se envenenaba; la bilis de mi organismo no drenaba y me moría poco a poco.
En esos momentos, mi cuerpo había perdido veinte kilos, sin embargo, mi abdomen estaba muy abultado y el color de mi piel, presentaba un tono entre amarillo y verde cobrizo; mis ojos se mostraban también amarillos y una gran debilidad me exigía caminar con lentitud extrema, pero la incertidumbre era mayor que todos mis males juntos.
Francamente no alcanzaba a comprender la complejidad que implicaba un trasplante de hígado. No podía ser tan simple como cambiarle el acumulador a un auto y ya, el vehículo seguiría circulando, pero yo no era un objeto y los hígados no eran precisamente suministros intercambiables. Jamás había imaginado que pudiera requerir un órgano vital y no había conocido a quien hubiera recibido una donación y menos a alguno de mis familiares…


COPIAS AL CARBÓN
Novela familiar

Prólogo a la familia

La historia que tienes en la mano no tiene fines literarios, fue escrita en diferentes períodos y momentos emotivos con el objeto de rescatar de la inadvertencia nuestra presencia familiar.  Ella, mi esposa, me expresó alguna vez que se trataba de una novela escrita con el corazón, así es, en ella se contienen nuestros antecedentes familiares, anécdotas nostálgicas y chuscas, así como momentos difíciles de recordar. Escribir estas líneas de familia siempre me ha resultado muy placentero pues he tenido la oportunidad de revivir hechos pasados o reinventar la presencia de familiares que a veces no conocí. 
Nuestra familia no tiene más estirpe que los lazos familiares que nos unen. Cada uno de nosotros tiene su propia historia, sirva la presente para conocer nuestros antecedentes familiares. Estas líneas expresan nuestro linaje, que no va más allá de los antecedentes modestos que algunos quisieran reinventar para tener una historia diferente. Éstos son nuestros precedentes tan dignos y elevados como los de la casa de los Austria, aunque simplemente seamos descendientes de X y Y, dos padres ausentes.
“Copias al Carbón” es el título que nos sugiere que finalmente, somos una copia de nuestros padres, por que llevamos en la sangre virtudes y errores de ellos. Nosotros los hijos, ustedes nuestros hijos, y después sus hijos y tal vez más allá en el tiempo, descubrirán actitudes y comportamientos heredados, por eso  somos copias al carbón.
Nuestra historia inicia o continúa así...


ANDRONIKI
Novela Familiar.

En 1921, cuando tenía siete años, los gobiernos de Turquía y Grecia como resultado de la primera guerra mundial, repatriaron a los ciudadanos extranjeros de sus territorios y por eso tuvimos que salir de Turquía. Huimos como si fuéramos delincuentes, dejamos todo: la casa, los muebles, el café de mi papá y una vida plena de trabajo y de esfuerzo. No pudimos llevarnos más que la vida que cargábamos. Se me quedó grabada en la mente esa noche terrible y fría. Los animales berreaban de miedo y nuestros corazones latían con temor. Se escuchaban las bombas y el sonido de las ametralladoras muy cerca de nosotros. Durante toda la noche caminamos ocultos por el bosque. En esa edad no alcanzaba a comprender el peligro que enfrentamos. En la huída iban mi abuelita, mis...